viernes 27 de enero de 2012

El test Goldman Kampf


El zumbido de los ventiladores anulaba cualquier otro sonido ambiente, incluido el despreocupado canturreo del psicólogo de personal.
   —Pase —dijo reclinándose en su asiento sin quitar ojo al informe del siguiente empleado. Un directivo del grupo de banca de inversión y valores en el que trabajaba.
   El chirrido metálico de la puerta pasó desapercibido. Un hombre enjuto, con gafas de lentes redondas y un ridículo peinado de raya pronunciada, entró visiblemente desorientado.
   —Siéntese —dijo el psicólogo con voz firme, señalando la silla dispuesta al otro lado de su mesa.
   —¿Qué es esto? —inquirió el sujeto. Su voz traicionaba los esfuerzos por por ocultar los nervios—. ¿Otra prueba? En qué chorradas gastamos...
   —No se mueva —cortó su interlocutor calibrando la imagen de la retina del directivo en su monitor.
   —Ya hice un par de tests para los de recursos humanos, no entiendo esta...
   —El tiempo de reacción es importante —interrumpió el psicólogo ojeando nuevamente el informe—, así que responda con rapidez.
   —Oh.
   —La Sapienza...
   —Una universidad.
   —¿Disculpe?
   —Ahí es donde estudié. Oiga, ¿esto es parte del test?
   El psicólogo alternó la mirada entre el directivo y el informe varias veces.
   —Está caminando entre un montón de gente que se manifiesta en Grecia...
   —¿Ya empezó el test?
   —Sí. Camina usted entre la muchedumbre enfurecida...
   —¿Por qué?
   —¿Qué?
   —¿Por qué iba a caminar entre un montón de gente cabreada? ¿Qué pinto ahí?
   —Quizá tiene curiosidad —dijo el examinador encogiéndose de hombros—, quizá no soporta ver a su país viniéndose abajo. ¿Quién sabe? De pronto, cerca de un viejo autobús en llamas...
   —¿Un autobús?
   El psicólogo respiró profundamente ante la enésima interrupción del directivo.
   —¿Sabe lo que es un coche?
   —Claro.
   —Pues uno grande. El caso es que ese autobús en llamas separa al grueso de la multitud de un grupo más pequeño que hay al otro lado. Rodea usted el obstáculo y se topa casi de bruces con un desempleado en el asfalto que recibe porrazos de los antidisturbios. Este percibe su presencia y le mira a los ojos...
   —Oh, por favor —protestó el directivo con el rostro brillante de sudor—. ¿Quién carajo escribe esas chorradas?
   —Le mira a los ojos —continuó el examinador ignorando la queja—, y le pide ayuda. Pero usted permanece impávido, como si viera la televisión...
   —¿Qué quiere decir con que permanezco impávido? —dijo el directivo con los párpados retraídos como acordeones.
   —Quiero decir que no hace nada. El caído le suplica, pero usted no le ayuda. ¿Por qué no lo hace?
   La única prueba de movimiento en el examinado fue una gota de sudor cayendo desde su sien izquierda. Miró entonces a la ventana con la brusquedad de un ave, y volvió a encarar al psicólogo con la cabeza ladeada y cara de pocos amigos.
   Este no pudo evitar reírse al ver la reacción del hombre.
   —Sólo son preguntas escritas por los de recursos humanos. Un test diseñado para provocar una respuesta emocional. ¿Continuamos?
   El directivo asintió toqueteando su teléfono móvil.
   —Descríbame las cosas buenas que recuerde acerca de su madre.
   —¿De mi madre? —murmuró el sujeto ensimismado en su teléfono.
   —Sí.
   —Tenga —dijo ofreciéndole el artilugio—. Es mi madre, y quiere hablarle de su empleo.

viernes 20 de enero de 2012

De piratería y visión de túnel


En los últimos meses, con la aprobación de la Ley Sinde en España y la sombra de SOPA y PIPA sobrevolando EEUU, el debate en la red sobre la libertad en Internet y la propiedad intelectual está más candente que nunca. Un servidor, que gusta de entender a todas las partes para formarse su opinión, se ha encontrado con un problema: hasta ahora no he podido entender del todo a los pocos que apoyan la Ley Sinde o SOPA fuera de la industria del entretenimiento.

lunes 16 de enero de 2012

Mis impresiones del Kindle 4


Con el estreno de Amazon.es se puso a la venta en España el Kindle 4. Los Reyes Magos tuvieron a bien dejarme el libro electrónico en cuestión. No es el primero que cae en mis manos, ya obtuve hace un par de años un Cool-er que acabó maltrecho (como la compañía que lo parió).

viernes 13 de enero de 2012

Polifagia


 
La noche caía cuanto permitía la Luna llena. Para Flavio era un alivio a medias. Se preguntó cuánta gente como él quedaría por los alrededores.

martes 22 de noviembre de 2011

Pesimismo distópico

A menudo se nos acusa a los autores del género (ciencia ficción) de pesimistas, por describir tantos futuros sombríos alzando el índice admonitorio, etc… en lo personal, yo soy un optimista a prueba de cataclismos. Pero no un tonto ciego. No digo “la botella está medio llena” sino “tenemos media botella”, que parece igual pero no es lo mismo. ¿Por qué escribo entonces tan a menudo de mañanas con tintes tan negros? Simple: PORQUE NO QUIERO QUE OCURRAN.
El autor Yoss en una entrevista para Axxón.