La imágenes de Marte que nos vienen a la mente son postales. Atrezzos polvorientos, estáticos y silenciosos que nos envían las sondas exploradoras en forma de fotografías. Pero a pesar de tratarse de un planeta frío, carente (hasta ahora) de biología o vulcanismo, Marte no es un lugar congelado en el tiempo. Allí la naturaleza también sigue su curso, y las escasas muestras de movimiento que tenemos son, por ello, aún más valiosas.
- Nubes en la región de Noachis Terra:
- Dust Devils, pequeños tornados que en ocasiones limpian las placas solares de los rovers del polvo marciano.
- Rotación de Marte desde el telescopio Hubble.
- El incansable Spirit, el año en que se atascó en una duna para siempre.
- Derrumbe en el polo norte marciano.

- Una tormenta de polvo se abalanza sobre la región de Noctis Labyrinthus (el Laberinto de la Noche).

- A menudo, la superficie de Marte se asemeja a la de un desierto terrestre. Pero cuando contemplamos el anochecer y el sol se torna azulado ante nuestros ojos, sabemos que estamos en otro mundo.
- La sombra de Phobos, una de las dos lunas de Marte, pasa fugazmente sobre una tormenta de polvo.
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